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jueves, 19 de septiembre de 2013

"El síndrome del perrito"


Me han preguntado algunas veces y he visto también que muchas mujeres no se explican (o no se quieren explicar) porque su ex-pareja, después de un tiempo les vuelve a buscar bajo distintos argumentos (aún cuando esa persona tenga en esos momentos una pareja), "¡Te extraño!", "¡Es que no hay nadie como tú!", "Lo intento, pero no he podido olvidarte", etc.
Es triste, muy triste y complicado que como hombres manejemos un argumento tan barato, y lo peor de es que haya mujeres que "compren" ese argumento.
A esa actitud le llamo yo "El síndrome del perrito" (con el perdón de los animalitos). Los perritos van dejando marcas (de orina) de lo que ellos consideran su territorio. Ellos pueden dejar abandonado un hueso, una pelota, un palo, un tapete, etc. Y podrían jamás volver a tocar esos objetos, pero si otro perrito se acerca o si a ellos sencillamente les regresan las ganas pues defenderán y volverán a jugar con dicho objeto hasta que se vuelvan a cansar o hayan ahuyentado al otro animalito.

No es amor, no es nostalgia, ni siquiera es un "te extraño objeto". Es en realidad un tengo ganas/necesidad de jugar otra vez (con una  completa convicción de que el objeto esta 100% disponible) y tu me perteneces desde la primera vez que te dejé marcado. En otras palabras es un tema relacionado con el ego, más que con el amor.

No niego que en muy contados casos el argumento masculino pueda ser sincero; sin embargo, teniendo en cuenta que NO hablamos de un perrito y que hablamos de personas (la pareja actual, la ex-pareja y el sujeto en cuestión). Entonces, dejo un par de preguntas en el aire:

¿Aún bajo esa circunstancia, vale la pena regresar a jugar con "el perrito"?
¿No sería mucho más honesto dejar a la pareja actual y regresar con la ex-pareja?

Cada quien tiene su respuesta muy personal a cada una de estas preguntas.




sábado, 25 de agosto de 2012

Me dejaste colgado...

Fue amor a primera vista, claro que así fue. Me viste en ese centro comercial y algo debió gustarte mucho de mi, porque no me quitaste la vista y seguro estoy de que en tu cabeza rondaba el pensamiento de ser el uno para el otro.

Pasaste cerca de mi, una, dos, varias veces. Como queriendo acercarte pero aun lo dudabas. Sabías donde encontrarme así que decidiste buscarme, ahí mismo, en ese mismo lugar a la semana siguiente.

No se exactamente que paso pero terminamos en tu casa, me veías con asombro y con mucho entusiasmo.

Amanecimos en la misma habitación y lo primero que hiciste fue asomar tu carita y enseñarme de nuevo tus ojos como si pareciera un sueño estar ahí... Solos...Juntos.

Vivimos muchas aventuras, caminamos, corríamos juntos. Descansábamos juntos, visitamos mil lugares, aventura tras aventura siempre juntos. Esa relación parecía interminable. Lloramos y reímos juntos también. Hubo tantas veces que nos dormimos uno dentro del otro, siendo uno mismo, sin preocupación por el mañana, ni por el que dirán...

Todo era perfecto, pero entiendo que algo paso conmigo... Mi vida se desgasto, y sin culpar a nadie... Se que fue por estar contigo. No pude resistirte el paso. Pero jamás pensé que iba a pasar lo que ocurrió... No de esa manera. Llegaste con alguien mas, muy parecido a mi. Solo que con mucho menos kilometraje, tan lleno de color, tan lleno de vida y fui testigo de miradas como las que fueron mías alguna vez. No puedo mentir, me dolió hasta lo mas profundo de mi ser.

Al siguiente día, salimos los tres juntos de aquella habitación yo de tu mano y el otro... El otro a tus pies.

Ese día, fue nuestro ultimo día juntos. Tu mano fue lo ultimo que toque de tu piel, nuestro ultimo contacto y sin decir adiós... Me dejaste colgado.

No tengo mas que decir... Solo te deseo que te vaya bien por siempre.

Atentamente.
Tu viejo zapato deportivo.