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martes, 21 de agosto de 2012

Los asuntos de la lluvia

Hoy sobre mi cabeza hay un sonido constante y agradable,  es el golpeteo de las gotas sobre el techo de mi lugar de trabajo. Ese sonido que no es excesivo para pertenecer a una tormenta, ni tan ligero como el de una llovizna y que pasa  desapercibido. Es ese sonido que invita a todos los que estamos aquí a no gritar, a no alzar la voz, a no excedernos. Me parece increíble como ese sonido sin ser arrullo es murmullo que nos tranquiliza;  y nos hace hablar, sin querer, en voz baja. Dejemos que hable Dios a través de la lluvia y guardemos el respeto, la cordura; seamos honorables ante esa dulce voz. Nadie pone música, es más nadie tiene puestos sus audífonos aislándose de este mundo. Hoy todos somos escucha, serenidad, pensamiento. Hoy no hago bromas, ni hablo solo con mi computadora, no le grito en silencio a quienes quisiera en el correo electrónico ni recibo con fanfarrias las restantes felicitaciones de cumpleaños. También respeto la melodía, el sentimiento y  el drama que flota en el ambiente.

Imagino lo que ese sonido a muchos nos recuerda, lo que nos pone a pensar y lo que nos provoca.

Ese sonido debe recordar momentos cuando eras un bebé y ese ruido era parte de tu arrullo, un arrullo eterno cuando tus noches duraban solo entre nueve y doce horas pero a ti te parecían una eternidad. Momentos de tu niñez cuando asustado te asomabas por la ventana viendo a tu madre desplegar el paraguas para un viaje a la tienda de la esquina a donde no podías acompañarle evitándote una gripe, un momento en donde te sentías abandonado. Tal vez ese sonido te lleva a recordar el momento en que te dispusiste a seguir la trayectoria de una gota de agua que golpeo tu ventana, viendo como se desgastaba en su viaje por el vidrio y de repente recuperaba fuerza y tamaño al toparse con aquellas que se atravesaban en su camino.

Otros mas seguramente regresan en el tiempo con ese sonido a esos momentos de adolescencia donde la lluvia fue cómplice de ese primer beso y esas caricias invasoras que confundían el frío de las manos con la temperatura del agua; seguramente hubo momentos de fut bol bajo la lluvia en donde no importó terminar lleno de barro, con la ropa color chocolate y empapada la cabellera todo por lograr un gol anhelado o un pase genial que te coronó campeón de tu calle.

Momentos de amor correspondido o de amor frustrado en donde tuviste la bendición de hacer tuyo el cuerpo que deseabas tanto como la atención de esa persona o momentos de soledad en donde el sonido de tus lagrimas sobre una hoja de papel se confundía con el sonido de las gotas golpeando fuera.

Realmente debe pasar algo raro, fascinante, místico y podría decir que sobrenatural con ese sonido. Algo que no se puede explicar exactamente, pero que provoca y evoca. Que hipnotiza, que atrae, que consume la atención y termina silenciando la cotidianidad para dar paso a lo inusual.

Yo me enamoro del sonido, observo e imagino, conteniendo las ganas de salir a capturar esas gotas con mi cara al cielo y dejándolas enredarse en mi cabello.

En fin, que una simple lluvia deja de ser simple y se convierte en una complicada historia.

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